Claro-oscuros de una maldición

“parecía un castillo desolado y cubierto de espinas”

 

“Las durmientes” de Camila Valenzuela León es una novela ilustrada publicada en diciembre de 2018 por Libros del Pez Espiral y que inaugura la colección Pez Joya dedicada a la literatura para infancia, adolescencia y juventud.

Se trata de un libro de aproximadamente 90 páginas, discretamente ilustrado y que nos instala desde su portada en un espacio difuso, tenebroso, de siluetas o sombras que bailan para sí mismas en medio de un bosque (o campo diríamos). Los colores de la portada (lila y negro) contribuyen a esta sensación que se prolonga a lo largo del libro en un juego permanente de claro-oscuros. En el interior las páginas en negro se volverán plomizas hacia el final lo que estará en relación con el desenlace de la historia.

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Juego también es el que se erige a partir de la serie de referencias intertextuales que se nos presentan desde el título en adelante. Las durmientes remite a los cuentos infantiles clásicos de princesas encantadas tales como Blancanieves y La bella durmiente (que conocemos en la versión de los hermanos Grimm y de Charles Perrault, respectivamente) pero también la versión italiana llamada “Sol, luna y Talía” (y apegada al relato oral del cual proviene) de Giambattista Basile contenida en su Pentameron.

Reminiscencias que estructuran la trama central la novela al otorgarle un nuevo sentido a la maldición de caer en la somnolencia (literal y figurada) de las mujeres. Esta referencia sirve para iluminar las zonas oscuras de una historia ampliamente conocida pero que también se puede extrapolar a las historias familiares, sociales e históricas.

Esta intertextualidad se entiende como una estrategia de subversión ya que es o “son formas del discurso literario que hacen tambalear los presupuestos establecidos, los constructos sociales y culturales configurados como metarelatos tradicionales sobre temas como lo femenino, lo masculino, la infancia. Las estrategias subversivas desmantelan estos relatos y mitos universalizantes para cuestionar la poética patriarcal”[1].

En este sentido, la novela es ambiciosa al intentar retratar el devenir de una familia desde sus más remotos orígenes hasta cien años después. Los vericuetos de una historia familiar arraigada en el campo con sus tradiciones y costumbres pero también con sus ambiciones, sus abusos, sus secretos, las maldiciones. El escenario de fondo será la zona central de Chile, el campo maulino, el negocio de los viñedos. Sus protagonistas las mujeres de dicha familia y su historia de silencio y omisiones que se transformarán en el motor de la novela. Novela que porta en sí un relato donde cuajan creencias de “indias”, leyendas populares y cuentos de princesas encantadas.

Todas con una larga tradición proveniente de la literatura oral donde misterio, suspenso y miedo se conjugan para provocar en el oyente/lector ese temor que se queda adosado a los recuerdos como advertencia de que más allá de todo lo evidente y comprobable existe la mínima posibilidad de que un campo, un potrero o la noche más oscura sea el lugar de aparecidos y guaguas terroríficas, de mujeres fantasmas, mujeres lloronas, mujeres vengativas siempre.

Leyendas rurales, semirurales y urbanas alimentadas con la insaciable curiosidad del lector infantil y adolescente que quiere y busca una y otra vez escuchar esos relatos porque en ellos encuentra el catalizador de sus propios temores. Relatos que se transmiten al margen siempre como corrientes subterráneas[2] (y subversivas) de (y frente a) los relatos oficiales.

img_20190131_012516452Las durmientes son todas esas princesas que encantadas por algún maleficio caen en una somnolencia fatal. Pero acá, en este relato, son todas aquellas que han sido marginadas, oprimidas, exiliadas de la historia familiar. Todas aquellas que han caído en la somnolencia de una vida a la sombra. Esta línea temática da cuenta, también, de la vinculación del relato de terror con la experiencia histórica, como lo menciona Macarena Areco en su artículo cuéntame una historia de terror y te diré quién eres donde señala que “la literatura de horror aparece como un género especialmente propicio para representar, a veces de manera directa, aunque más generalmente de forma desplazada, temores y preocupaciones experimentadas por el autor y por la época en la cual se inserta”[3].

Entonces reescribir el cuento de las durmientes no es un solo un ejercicio intertextual sino la necesidad de alumbrar aquellas zonas oscurecidas de (y por) los relatos oficiales. Acto que resuenan y se vuelve necesario sobre todo en los tiempos que corren y en la sociedad en que vivimos.

Esta novela es altamente recomendable para todos quienes ejercen la mediación de lectura (profesores, bibliotecarios, talleristas y otros) con adolescentes y jóvenes pues permite reflexionar en torno a las relatos tradicionales, la re significación de estos, la construcción de roles, la relevancia de los cuentos de princesas y hadas y sus significaciones más profundas etc. permitiendo levantar un puente para le reflexión crítica de niños, niñas y jóvenes.

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[1] Guerrero Guadarrama, Laura: La neo-subversión en la literatura infantil y juvenil, ecos de la posmodernidad. Ocnos: Revista de Estudios sobre Lectura, núm. 4, 2008, pp. 35-55. Universidad de Castilla-La Mancha Cuenca, España

[2] http://fhuv.cl/2013/11/me-da-miedo-la-lij/

[3] http://fhuv.cl/2013/11/cuentame-una-historia-de-terror-y-te-dire-a-que-le-temes/

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